¿Cómo se están asegurando la Generación Z y los Millenials? ¿Y los mayores de 40? ¿Qué percepción tienen de los seguros? Lo vamos a analizar todo en las siguientes líneas.
En el caso de la Generación Z, la protección se centra principalmente en los riesgos más inmediatos. Priorizan seguros vinculados a la movilidad, como el coche o la moto, así como coberturas básicas relacionadas con la vida diaria.
No se trata tanto de una planificación a largo plazo, sino de una respuesta práctica a necesidades concretas del presente.
Los millennials, por su parte, amplían ese enfoque. A medida que avanzan en su ciclo vital, comienzan a incorporar productos aseguradores más complejos.
Aquí entran en juego el seguro de hogar, especialmente cuando se produce la emancipación, y también las primeras soluciones que combinan ahorro y protección.
Es un perfil que ya no solo busca cubrir riesgos inmediatos, sino también empezar a construir cierta estabilidad financiera.
Son algunas de las conclusiones que hemos leído en un informe de Generali.
Seguros más allá de los 40
Cuando superas la barrera de los 40 años, el mapa asegurador cambia de forma notable. En esta etapa, el hogar se convierte en el eje central de la protección, la salud gana protagonismo y los productos de ahorro a largo plazo se consolidan como herramientas clave.
Ya no se trata únicamente de proteger el presente, sino de asegurar el futuro con una visión más estructurada.
Las contradicciones de los jóvenes
Ahora bien, si hay un grupo que refleja especialmente bien las tensiones del contexto actual, ese es el de los menores de 40 años en España.
Se trata de una generación altamente formada, digitalizada y con una gran capacidad de adaptación, pero que al mismo tiempo convive con una realidad económica compleja: salarios ajustados, trayectorias laborales irregulares y dificultades crecientes para acceder a la vivienda.
Los datos ayudan a entender mejor esta situación. En 2024, la tasa de ahorro de los hogares españoles alcanzó el 13,6% de su renta disponible, según el INE.
Sin embargo, en el tercer trimestre de 2025, ese porcentaje descendió hasta el 4,6%.
Esta caída supone la evidencia de que cualquier imprevisto —una baja laboral, un gasto sanitario o una subida del alquiler— puede desestabilizar completamente su economía.
La importancia de las familias
A pesar de este contexto, la percepción sobre los seguros es, en general, positiva. Existe una clara conciencia de la importancia de estar protegido.
De hecho, una parte significativa de los jóvenes cuenta con seguros de salud, pólizas de hogar o incluso seguros de vida y decesos.
Sin embargo, aquí aparece un matiz importante: en muchos casos, estos productos no son contratados ni pagados directamente por ellos, sino por sus familias.
Esto revela una realidad interesante: la cultura del seguro está presente, pero la autonomía financiera aún no se ha consolidado del todo. Es decir, sabes que necesitas protección, pero no siempre puedes asumirla por ti mismo.
Lejos de los estereotipos que apuntan a una supuesta desinteresada actitud hacia las finanzas, lo cierto es que los jóvenes muestran un creciente interés por entender cómo gestionar su dinero.
Lo que sí rechazan son las barreras tradicionales del sector asegurador: contratos complejos, falta de transparencia y procesos largos o poco intuitivos.
Por eso, el sector ha tenido que adaptarse. Actualmente, los seguros tienden a ser más digitales, flexibles y accesibles.
Puedes contratar una póliza en cuestión de minutos, revisar tus coberturas de forma sencilla y ajustar servicios según tus necesidades. Esta transformación responde a una demanda clara: experiencias similares a las de cualquier plataforma tecnológica.
En este escenario, la educación financiera juega un papel fundamental. Diferentes iniciativas impulsadas por organizaciones como UNESPA o FINRESP están llevando formación a institutos, universidades y redes sociales.
El objetivo no es convertir a los jóvenes en expertos en seguros, sino darles las herramientas necesarias para que tomen decisiones coherentes.
Entender qué implica contratar una póliza, ahorrar de forma constante o asumir determinados compromisos económicos puede marcar la diferencia entre una economía frágil y una más resiliente.
En definitiva, cada generación se relaciona con los seguros de forma distinta, pero todas comparten un mismo reto: encontrar el equilibrio entre protección, ahorro y calidad de vida. Y en un contexto de incertidumbre, contar con información clara y accesible se convierte en el mejor aliado para no vivir sin red.





















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